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Control y sanción de las faltas de los empleados

Autor: María Cubián

  • La importancia de los límites y las reglas claras

En numerosas ocasiones los responsables de las empresas se enfrentan a la  situación de tener que “meter en cintura” a un empleado que “campa por libre”, “hace lo que le da la gana” o “siempre estamos igual”, pero cuando llega el momento de imponerse y aplicar el correspondiente correctivo, nos encontramos con que no hay regla ni instrucción previa en la empresa cuyo cumplimiento podamos exigir, o con que la regla es antigua y está obsoleta por lo que ha devenido ineficaz para la situación actual o, y esto es lo más grave, con que la norma se ha incumplido tantas veces sin consecuencias que pretender exigir su cumplimiento, o sancionar su incumplimiento, podría entenderse como trato discriminatorio en relación con los compañeros a los que no se les exigió ni sancionó en idéntica situación.

Para evitar llegar a este extremo, desde el inicio de la relación laboral conviene dejar claro cuál es el rol de cada uno, para lo que los artículos 20 y 5 del Estatuto de los Trabajadores nos dan la pauta: al empresario compete dirigir y organizar la actividad laboral así como el control de su cumplimiento, y al trabajador corresponde cumplir con diligencia su obligación de trabajar, acatando las órdenes e instrucciones que reciba de la empresa y colaborando para la buena marcha y mejora de la productividad en la misma.

El empresario tiene la facultad de exigir el cumplimiento de las reglas y sancionar su incumplimiento, lo que exige, como premisa básica y esencial, la existencia de las mismas. Las normas han de ser claras, concisas y redactadas de manera positiva. 

En caso contrario nos vamos a encontrar con el problema no sólo de no saber cómo actuar frente al empleado, sino de que éste no se sienta obligado por una regla que desconoce o cuya existencia cuestione de tantas veces como se ha consentido su incumplimiento, al punto de que “plante cara” generando un conflicto interno mayor que el que pretendemos atajar.

Unas normas estrictas y detalladas sobre cómo deben actuar los trabajadores en determinadas situaciones pueden solucionar muchos problemas y además proteger a los empleados de conductas discriminatorias o prácticas abusivas por parte de las personas que actúan en por la empresa.

Las conductas o comportamientos negativos deben ser atajados y reconducidos desde el principio puesto que de lo contario corremos el riesgo de que la norma que se imponga por el uso sea la contraria a la que pretendemos.

Empleador y empleado podrán llevarse bien y colaborar para alcanzar el éxito empresarial, pero sin olvidar cuál es el papel de cada uno en la relación.

Ese pequeño reino que es la empresa puede ser el mejor o el peor lugar para compartir una gran parte de nuestra vida, lo que dependerá en gran medida de la claridad, sencillez y corrección de las reglas que existan en la empresa y de la claridad, sencillez y corrección de las instrucciones que se den para su cumplimiento.