Deudores: Más vale prevenir que curar

Autor: Sascha Villoro Graske

Los impagos entre empresas, incluso las que han gozado de años de mutua confianza, se han vuelto cada vez más frecuentes. Por ello, queremos ofrecer una serie de pautas para evitar o, al menos,  paliar los efectos derivados de un impago.

1. Siempre es recomendable firmar un contrato entre las partes y, en su caso, un fiador. Un documento firmado nos permite acreditar la voluntad de los contratantes en o antes de un juicio. En el mismo sentido, se debería proceder a la novación del mismo documento en aquellos casos en los que las partes acuerdan modificar las condiciones contractuales. Por último, se hace indispensable una redacción  precisa del documento, especialmente en casos en los que las cláusulas son particulares o poco habituales.

2. Se debe dejar constancia por escrito (dado que eso facilitará la prueba en un eventual juicio o para evitarlo) de todos los elementos esenciales de la relación contractual. A título meramente ejemplificativo: debe quedar constancia escrita del cumplimiento de nuestras obligaciones, alteraciones de lo pactado inicialmente, pruebas que acrediten que ante un conflicto se ha intentado una solución negociada previa a la judicial, etc.

3. Ante el incumplimiento de la contraparte es recomendable no dejar de cumplir por nuestra parte y finalmente tomar las decisiones jurídicas pertinentes, así como poner esta situación en conocimiento de nuestros asesores jurídicos a la mayor premura.

4. No firmar contratos redactados unilateralmente por la contraparte o que estén en un idioma que no dominamos. También es recomendable que el contenido del mismo sea revisado por un abogado (del estado cuyo derecho se aplicará), con el fin de evitar cláusulas que puedan resultar perjudiciales para nuestros intereses.

5. Dado que, con carácter general, las partes pueden elegir el derecho aplicable a su relación negocial y los tribunales competentes para resolver eventuales disputas que surjan de las mismas, se hace vital optar por aquello que favorezca nuestras pretensiones.

6. No debemos olvidar que existen mecanismos alternativos para la resolución de disputas, y que en su caso pueden favorecer a nuestros intereses. En el caso de decantarnos por esta opción, debe quedar plasmada en el contrato nuestra voluntad de someternos, por ejemplo, a un arbitraje.

7. Tratar de obtener un reconocimiento de deuda en el que la parte reconoce su incumplimiento.

8. Detectar el problema a tiempo y ponerlo lo antes posible en manos de abogados, de forma que éstos sitúen el conflicto y nos presenten las mejores estrategias de resolución del mismo.

9. No poner fin al contrato sin justo motivo y, en caso de optar por esta opción,  seguir los trámites legales adecuados.

10. Conocer bien la situación del deudor, pues es distinto un mal pagador que alguien que se encuentra ya en una situación cercana al concurso.

No se debe olvidar que de nuestra capacidad de decisión depende muchas veces el buen fin del procedimiento.