Galicia publica un manual con los colores recomendados para cada vivienda, con el objetivo de armonizar edificios y paisaje

Autor: Carmen Piris

Si les decimos “Galicia”, ¿qué se les viene a la cabeza? Permítannos adivinar: Lluvia. Verde. Mar. Camino. 

Precisamente para que la belleza de los paisajes gallegos siga siendo uno de los motores de la Comunidad, y reducir al mínimo el impacto visual de las construcciones, la Xunta ha publicado hace unos días la GUÍA DE COLORES Y MATERIALES, bajo la batuta del Instituto de Estudios del Territorio (IET), dependiente de la Consellería de Medio Ambiente, Territorio e Infraestructuras. Este proyecto, que ha tardado casi año y medio en ver la luz, ha sido desarrollado por el Colegio de Arquitectos gallego (COAG) y seis equipos de expertos en los que, además de arquitectos, trabajaron aparejadores, geógrafos, geólogos, biólogos, ingenieros forestales, licenciados en medicina, historiadores, historiadores del Arte, conservadores del Patrimonio, titulados en Diseño, licenciados en Bellas Artes e incluso estudiantes universitarios.

El objetivo de este catálogo es que los propietarios cuenten con una referencia a la hora de elegir los colores y materiales más adecuados para sus viviendas (existentes, rehabilitadas o futuras) en función de su situación y sus características, para integrar armónicamente los edificios en el panorama visual del que forman parte.

Al efecto, la Guía divide la Comunidad gallega en doce grandes áreas paisajísticas, distingue entre suelo urbano y suelo rural o rústico, y diferencia cuatro tipos de edificaciones: las construidas hasta 1960, las construidas desde 1960, las edificaciones especiales (polígonos industriales y edificaciones aisladas en suelo rústico) y los hitos (edificios generalmente de uso público, como por ejemplo centros de salud o colegios).

Bajo la premisa “ante la duda, pinte su casa de blanco”, la gama que se propone en líneas generales para las fachadas oscila entre los blancos, grises, beiges o amarillos claros y los colores tierra desde rosáceos hasta verdosos, mientras que en los pueblos marineros predominan las gamas azules y los tonos verdes y tostados, pues el punto de referencia son, precisamente, los colores de las piedras, áridos o cales propios de cada localidad, lo que garantiza no solamente la minimización del impacto visual a través de la integración de las edificaciones en el paisaje, sino también buenas dosis de dos factores difíciles de conjugar: la sostenibilidad y el crecimiento económico.

El manual se encuentra a disposición de todos los ciudadanos gallegos y, en especial, de sus ayuntamientos, que se espera asesoren a los propietarios de las construcciones y resto de agentes del sector inmobiliario, quienes deberían interiorizarlo no como una obligación, sino como meras recomendaciones en las que lo que prima es la coherencia y la armonía con el paisaje gallego. No obstante, la propia IET admite que, además de campañas de concienciación y sensibilización para luchar contra el impacto visual que supone el “feísmo”, el contenido de la Guía se implementará a través de normativa e instrumentos de ordenación urbanística.